¡Se le puede pedir a un peral que dé uvas? ¿Y a la Luna que salga por el día? Si hay límites para la naturaleza, ¿no los va a haber para nosotros los humanos? No podemos correr sin antes haber aprendido a caminar, ¿verdad?
Pues esto también nos pasa en las aulas. Cada etapa de aprendizaje está acompañada con un desarrollo evolutivo que permite acceder a un conocimiento concreto, como decía Piaget. Además, cada persona venimos programados con unas aptitudes que nos ayudarán o dificultarán ese aprendizaje. Nadie es igual a otro ser humano.
Si juntamos estas dos variables, y quisiéramos pensar la manera adecuada para educar a un niño veríamos que no habría una sola forma. Esto es lo magnífico y lo terrorífico de la Educación: que no hay recetas, siempre es una novedad cada año cuando nos enfrentamos a nuestros alumnos. Nos queda trabajar nuestra actitud abierta, nuestra creatividad y por supuesto, nuestras ganas de seguir aprendiendo para hacerlo cada vez mejor.
Celaya nos lo recuerda con su poema.

No hay comentarios:
Publicar un comentario